domingo, 11 de mayo de 2014

PARTICIPACION DE LOS ENTES INOBSERVABLES EN PROBLEMA MENTE Y CUERPO


Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.33 Osorno dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012011000200011 

ALPHA Nº 33 Diciembre 2011 (147-158)
 
ARTÍCULO
LA PARTICIPACIÓN DE LOS ENTES INOBSERVABLES EN EL PROBLEMA CUERPO-MENTE. ARMONÍA ENTRE EL INTELECTO Y LA NATURALEZA
 
The participation of the unobserbvable entities in the mind-body problematic. Harmony between intelect and nature.
 
Alex Espinoza Verdejo* Marcelo Díaz Soto**

Resumen
 
En este artículo se analiza la participación de los entes inobservables o teóricos en las teorías filosóficas cuyo contenido es el problema de la relación entre el cuerpo y la mente. Las concepciones sustancialistas, fisicalistas, conductistas filosóficas y escépticas son las fuentes de inspiración y desde las cuales se busca determinar la pertinencia o falta de pertinencia de los entes teóricos en el problema cuerpo-mente.
 
Palabras clave: Entes inobservables, sustancialismo, fisicalismo, conductismo filosófico.

 
Abstract
 
The object of this essay is to analyze the role played by unobservable or theoretical entities in the philosophical theories whose content is the mind-body problem. Substantialism, physicalism, philosophical behavioursm, and scepticism are the main sources of inspiration, and it is from them that I try to determine the pertinence or lack of pertinence of theoretical entities for the mind-body problema.
 
Key words: Unobservable entities, substancialism, physicalism, philosophical behaviour.
 
La historia de lo que hoy denominamos conocimiento científico sugiere que no podemos obtener logros exitosos en el campo de la inteligibilidad si no se construyen, con la ayuda de la imaginación, cuerpos teóricos bien definidos que den cuenta de los procesos o de las ontologías inobservables. Por ejemplo, hablamos de los quarks en física, de las fuerzas organizadoras en biología. Los poderes racionales en su lucha constante contra la amenaza del escepticismo se tranquilizan en la medida en que las construcciones teóricas se ajusten a las demandas de la comprensión de los fenómenos, así podríamos hablar de una armonía del intelecto y la naturaleza. Más que buscar constataciones empíricas buscamos comprender; las comprensiones se determinan a través de los constructos teóricos. Esto nos hace pensar que en las ciencias, la mayoría de las veces, la inteligibilidad debe admitir la participación de los inobservables, que podríamos llamar los “inobservables inteligibles”. La exigencia del conocimiento científico a las explicaciones teóricas es que en algún momento pasen a formar parte del mundo de los observables. Las preguntas que emergen de estos inobservables inteligibles son: ¿Cómo es posible el ajuste entre la teoría y la realidad? ¿Buscamos sistemas isomórficos? Si es efectivo que buscamos sistemas isomórficos, entonces ¿Qué factores son determinantes en ellos? Los sistemas isomórficos necesitan de los modelos analógicos, como en la ciencia física lo es el péndulo y las fuerzas gravitatorias, la estructura del átomo y el sistema solar; en biología y ciencia de la información: el cerebro humano y el computador.

Si el mundo está plagado de formas semejantes y que son factores determinantes en el mundo de los objetos, entonces estas formas favorecen las analogías en las ciencias, las formas constituyen una buena estrategia para explicar los mecanismos naturales escondidos a las constataciones empíricas. Aquí detendremos nuestra reflexión. Ahora relacionemos este tema con el problema filosófico cuerpo-mente.
 
EL LEGADO DE LOS PENSADORES CLÁSICOS: ENTRE EL DUALISMO PLATÓNICO Y EL MONISMO ARISTOTÉLICO

El dualismo platónico propone la idea de que el hombre posee una facultad integradora de todas las experiencias. Además, propone que el mundo está compuesto por objetos llenos de cualidades. De esta manera, el hombre se convierte en un cazador de cualidades, las cualidades de los objetos tienen sentido si son percibidas por esta facultad integradora llamada espíritu. Según el pensamiento platónico, el mundo espiritual está constituido por entidades que sólo habitan en los espacios de nuestra intimidad humana, el hombre es el único ser que tiene acceso privilegiado a este mundo, al mundo del espíritu.
 
En este mundo, las entidades gozan de una perfección máxima, el mundo Ideal sirve de patrón, desde el cual el mundo real y concreto debe medir su grado de perfección. Estas Ideas se corresponden con el legado de herencias innatas. Así, también podríamos afirmar que el espíritu en el hombre es un legado heredado, por cuanto, el mundo de las Ideas requiere de un lugar donde pueda desplegarse dinámicamente.11 William Bechtel menciona algunas opiniones actuales que dan crédito a la idea del innatismo: Chomsky “argumentó que el conocimiento de las reglas sintácticas tenía que ser innato puesto que un niño no tiene experiencia suficiente para aprenderlas por inducción” (1991). Uno de los problemas filosóficos que debe enfrentar el dualismo mente-cuerpo es aquel de la conexión causal. En otras palabras ¿Cómo es posible que algo que es definido como inmaterial o no-espacial y atemporal puede influir en algo que es material y temporal? Algunas explicaciones metafísicas, como la de Descartes, o la del mismo Platón, resuelven este problema acudiendo a la intervención divina en el sistema cognitivo.
 
El hilemorfismo aristotélico responde al problema de la conexión causal de los mundos platónicos. El Estagirita, contrario a la creencia platónica, se centrará en la reflexión metafísica sobre las formas que dan identidad al mundo. Aristóteles considera que el hombre se encuentra rodeado de un mundo poblado de objetos y que la existencia de estos objetos depende, en última instancia, de su constitución material y con ello ––afirma metafísicamente el Estagirita–– que los objetos son identificables por su forma. La totalidad de los objetos con sus formas particulares dan sentido a la vida humana, los objetos tienen una forma que es propiamente natural a la materia. La forma yace en los mismos objetos, la forma es la esencia, la forma representa la estabilidad de las cosas. Las formas yacen en la misma realidad y no habitan en un mundo privilegiado del espíritu como afirmaba Platón.
 
En nuestros días, de acuerdo con la evolución del conocimiento, las formas corresponden a las regularidades testificadas por las ciencias; las cosas se rigen por cierto orden. Debemos destacar que hoy las leyes científicas son interpretadas bajo el positivismo y existe un acuerdo tácito para excluir toda interpretación mediada por la metafísica. Esta exclusión ha traído serios problemas al conocimiento científico representado en el problema filosófico de la inducción ¿Cómo es posible la universalización? ¿Es posible predicar la validez de las leyes para todos los mundos posibles? La captación de estas formas exige la existencia de una facultad organizadora. Aristóteles llamará a esta facultad intelecto, el intelecto será la “forma” del ser humano, es lo que le proporciona identidad; pero el ser humano también está dotado de un cuerpo. Así, Aristóteles concluye en el hilemorfismo, pues no podemos pensar el alma sin un cuerpo que la albergue, como tampoco podemos pensar en un cuerpo sin un alma.
 
En la historia de las ciencias cognitivas se han clasificado las teorías de Platón y de Aristóteles como representacionistas, vale decir, que la realidad puede ser conocida en toda su profundidad por el sistema cognoscitivo. En el fondo, se afirma que el espíritu o el espíritu-cuerpo es un receptáculo inerte, lo cual corresponde a la metáfora del espejo.
 
EL CONDUCTISMO FILOSÓFICO, LÓGICO O ANALÍTICO DE GILBER RYLE
 
Las teorías sustancialistas clásicas que fundamentan la existencia del espíritu en el hombre encontrarán un respaldo justificacionista en la época moderna; por ejemplo, pensemos en el racionalismo de Descartes. El dualismo cartesiano se restablece en la intuición intelectiva. La existencia del cogito es una cuestión evidente y queda fuera de toda duda por muy metódica que ésta sea. Gilbert Ryle en El concepto de lo mental (1967) destruye el dualismo de Descartes; destrucción que ejecuta desde los dominios de la filosofía analítica. Ryle argumenta que cometemos un error categorial cuando atribuimos al hombre una facultad particular como es la del espíritu. Ryle realiza un análisis de la lógica del lenguaje natural e invita a pensar en el ejemplo de la visita que realiza un extranjero a la Universidad de Oxford. Ve edificios, laboratorios, casinos, jardines, etc., pero luego se pregunta ¿Dónde está la universidad? De este modo, el extranjero piensa que la universidad se representa en una ontología específica, por cuanto el concepto de universidad busca una hipostación. De igual modo a lo descrito sobre el concepto de universidad tratamos cartesianamente el concepto de espíritu. Al hombre al que consideramos dotado de una inteligencia porque ejecuta actos inteligentes le asignamos, además de un cuerpo, una entidad no-física, una entidad que generalmente llamamos espíritu, alma, mente, conciencia. Oponiéndose a esta doctrina cartesiana, Ryle afirma que nosotros somos sujetos dotados de propensiones, de disposiciones a comportarnos de diferentes maneras. De esta manera, sostiene la tesis que la inteligencia es una propiedad disposicional, es decir, somos seres inteligentes en la medida en que ejecutamos conductas inteligentes. Mirado lo anterior desde la lógica del lenguaje, de lo mental o espiritual, esto quiere decir que los conceptos mentales, los que empleamos para hablar de nuestras experiencias, sentimientos, pensamientos, etc., son conceptos disposicionales.
 
A partir de estos antecedentes podemos avalar la idea que Ryle simpatiza con las teorías conductistas de la mente. Para aclarar el concepto de disposición, concepto central por cierto en la propuesta de Ryle, podríamos pensar en la fragilidad o carácter quebradizo de un cristal ¿Si decimos de un cristal que es quebradizo estamos diciendo que está quebrado? No. Lo que estamos diciendo es que si se dan ciertas situaciones empíricas como la de ser golpeado el cristal se quebrará; es decir, la lógica de los enunciados que incluyen conceptos disposicionales es de carácter semi-hipotético, funcionan como una autorización para inferir que si se dan ciertas condiciones ocurrirá algo. Llevada esta reflexión al ámbito de los conceptos mentales esto quiere decir que podemos dar igual trato lógico a conceptos como los de inteligencia y de fragilidad. Sin embargo, como tempranamente lo hiciera ver Bertrand Russell en su comentario (1976) de ¿Qué es mente? de Ryle, su enfoque de lo espiritual es, curiosamente, compatible con el dualismo cartesiano. La razón de esta situación tan extraña surge cuando nos preguntamos acerca de cuál es la diferencia entre ser inteligente y ser frágil o quebradizo. La respuesta de sentido común es que, en el primer caso, estamos predicando algo de las mentes o espíritus y, en el segundo, lo estamos haciendo de los cuerpos.
 
La pregunta que podríamos hacernos es si el conductismo analítico destruye la idea que sostienen los pensadores idealistas en cuanto a que la mente humana tiene una ontología especial. El conductismo es una vertiente del mecanicismo y las concepciones mecanicistas se originaron para terminar con las concepciones sustancialistas, espiritualistas y vitalistas en las ciencias. Una radicalización del punto de vista de Ryle fue el reduccionismo fisicalista o nivelador. En este enfoque, los estados y procesos mentales se identifican con procesos y estados físico-químicos en el cerebro.   
TEORÍA DE LA IDENTIDAD PSICO-FÍSICA O MENTE-CEREBRO
 
La teoría de la identidad psicofísica corresponde a una especie de reduccionismo fisicalista. Vale decir, existe una gama importante de fenómenos naturales cotidianos que podemos identificar con lo que la ciencia sostiene, como, por ejemplo citando a Paul Churchland el sonido es idéntico a la oscilación de una cuerda electromagnética, el relámpago es idéntico a una gran descarga de electrones entre las nubes y la tierra. Respecto a los estados mentales Churchland afirma: “Lo que ahora consideramos que son “estados mentales”, argumenta el teórico de la identidad, son idénticos a estados cerebrales exactamente de la misma manera” (1992:51). Actualmente, la neurociencia es la disciplina que mejor se ve representada con esta teoría. Se piensa que la taxonomía de cada acto mental establecida por el sentido común se correlaciona con una taxonomía neuronal establecida por la neurociencia. En la actualidad, la identificación psico-neural es un objetivo de la neurociencia, pero no se ha logrado completar, lo que sí se ha logrado es establecer la correlación (excepto en cuestiones tan complicadas como la base neuronal de la conciencia).   
PARTICIPACIÓN DE LOS ENTES INOBSERVABLES EN EL DUALISMO SUSTANCIALISTA
 
Dado que ya hemos proporcionado estos antecedentes, podemos plantearnos la siguiente pregunta ¿Cómo participan los entes inobservables en el dualismo sustancialista? Es evidente que sí existe una participación de ellos. Por una parte, se afirma que el cuerpo como macro-fenómeno es una entidad física que se determina mediante todas las estrategias desarrolladas por las llamadas ciencias fácticas. Por ejemplo, en psicología el cuerpo se ha estudiado con cierto éxito a través de los reduccionismos biológicos y conductuales, haciendo ver el triunfo de las estrategias positivistas. A este respecto, la participación de los entes inobservables es escasa, a no ser que estemos pensando en la biofísica, por cuanto, el desarrollo de estas ciencias es altamente teórico, sobre todo, en lo que respecta a la física.
 

Por otra parte, y contrariamente a la concepción fisicalista, la concepción espiritualista en el hombre nos acerca más a la participación de los inobservables en las formulaciones teóricas. El nous socrático o “el yo cartesiano”, en cuanto teorías filosóficas, ponen de manifiesto la capacidad intuitiva del hombre. La intuición intelectual revela la existencia de una sustancia pensante. La existencia del espíritu no es deducible de ningún sistema, sea material o inmaterial; la intuición revela el ser de las cosas en su totalidad. Así, el espíritu como un ente inobservable se autodefiniría como un sentimiento, sería el cogito cartesiano atrapado por la intuición intelectual, en lenguaje de Bradley sería la “mismidad”, algo que es plenamente privado o íntimo. De lo anterior podemos afirmar que el constructo teórico del espíritu no admite ninguna prueba experimental física de su existencia. A lo más, podemos afirmar que existe indirectamente algo que nos hace sentir; pero este algo no es similar a nada o a ninguna cosa existente en el mundo real, entendiendo como mundo real aquel que está determinado por las coordenadas de tiempo y espacio. El espíritu como ente inobservable no acepta isomorfismos, con esta afirmación se está fijando la tesis que los modelos representacionistas del espíritu constituyen un sin sentido. El espíritu está vestido con el ropaje de todas las actividades humanas, pero al sacar todo el ropaje nos quedamos con un ente que ni siquiera es inobservable, los entes inobservables admiten lo posible de la observabilidad en principio. Los hombres de ciencia construyen entes inobservables a partir de ciertas manifestaciones indicadoras de un existente posible. Pensemos en los átomos de los pensadores griegos como el de Leucipo y Demócrito o la existencia de la gravitación universal. Tenemos experiencia de la gravedad, pero no tenemos experiencia directa de su ontología. El espíritu se propone como un principio o como la premisa más importante y apreciada, un principio que podríamos llamar axiomático.
 
PARTICIPACIÓN DE LOS ENTES INOBSERVABLES EN EL HILEMORFISMO ARISTOTÉLICO

En el caso del monismo metafísico de Aristóteles podemos saborear la idea que el espíritu, en principio, admitiría la observabilidad y que está determinado por el mundo de la materia. La materia no existe sin una forma definida y es ésta la que le da identidad. El espíritu es la forma del cuerpo, el espíritu no lo podemos pensar como ajeno al cuerpo. En la filosofía de Aristóteles, la forma es un observable. De esta manera, podríamos afirmar que la forma, en tanto que espíritu, se muestra por las acciones, la metafísica caja negra de Skinner cobraría sentido en el esquema de la metafísica aristotélica.
El monismo metafísico de Aristóteles da cuenta de la continuidad del ser. La opción que realiza por la continuidad del ser lo pone fuera del alcance de varios problemas y críticas que normalmente se han dirigido en contra de las tendencias dualistas. Con esta elección se evita uno de los problemas más importantes: el interaccionismo cuerpo-espíritu ¿Cómo podemos justificar que el espíritu, siendo algo inmaterial y atemporal, pueda influir sobre algo que es material y temporal? o en lenguaje platónico ¿Cómo es posible que el espíritu siendo toda perfección pueda gobernar un mundo de imperfecciones? La teoría hilemórfica aristotélica escapa abiertamente de estos problemas. Pensar el espíritu, en tanto que forma del cuerpo o de la materia, indica claramente la continuidad en el hombre. La teoría emergentista en las ciencias naturales ve la continuidad del ser: de los seres inorgánicos emergen los seres orgánicos y de éstos los animales y, por último, el hombre y en él la espiritualidad. Jules Lachelier (1961) ve esto como una inducción natural, la naturaleza debe aceptar un telos organizador: creó el espíritu para que de esta manera pueda pensarse a sí misma, la naturaleza es inteligente. Estas ideas telefinalistas de Lachelier son cuestionadas por François Jacob (1970) para quien la naturaleza es un resultado de un pegoteo de evoluciones, la naturaleza es más bien un collage. Frente a estas polémicas epistemológicas, es obvio que la posición filosófica emergentista de Lachelier es más bien aristotélica. Así, podríamos afirmar que la forma es una cualidad emergente de la materia, de modo tal que el espíritu es una cualidad emergente de la materia.
Una manera de tener más elementos para pensar y aclarar el hilemorfismo aristotélico consiste en recurrir a las ideas que René Thom ha expuesto en Esquisse d´une sémiophysique (1988): que los conceptos de saillances y prégnances son los ancestros gestálticos de los conceptos de forma y fuerza respectivamente. La forma saillante es cualquier forma individual que ocupa una región definida del espacio-tiempo. Las prégnances son las formas o entidades no localizadas, emitidas y recibidas por las saillances.8

Si acercamos las ideas de saillance y la prégnance al problema cuerpo-mente, ¿Ayudan a tener una mejor comprensión del problema cuerpo-mente en el hombre? o ¿Ayudan a mejorar la comprensión del hilemorfismo aristotélico? Al afirmar que la saillance es una forma definida y la prégnance es una cierta emisión de cualidades que la forma recepciona, creo que podríamos ––tal vez–– aproximar estos conceptos con la consideración que la mente o espíritu son disposiciones, en otras palabras, podríamos esperar algo provocador: que estos conceptos nos acercan a la concepción conductista y analítica de Gilbert Ryle. La pregnance sería equivalente a la disposición que tiene el espíritu para referirse a las cosas, la saillance es el lugar de donde emanan las disposiciones.

 
PARTICIPACIÓN DE LOS ENTES INOBSERVABLES EN EL CONDUCTISMO FILOSÓFICO
 
Como ya hemos afirmado, el conductismo se deriva del mecanicismo que está guiado por la idea de que no existen entidades extrañas al sistema que abriga todo su dinamismo. Así, se podría afirmar, desde una perspectiva conductista, que la mente humana existe porque ella expresa una serie de propensiones, tendencias que ––en su gran mayoría–– están estandarizadas y, así, los psicólogos pueden afirmar si se está en un nivel de normalidad o no, el criterio de normalidad hace referencia a una unidad determinada, la normalidad es un promedio de un todo. Pero ¿Qué significa un todo?, ¿Qué significa una unidad? El conductismo se ve en la obligación de aceptar una unidad organizadora, aunque la unidad organizadora sea el todo. Las funciones de cada pieza del reloj hacen referencia, en última instancia, a un reloj y las funciones de cada pieza que componen al humano también forman un todo; a esto los vitalistas llamarán espíritu o energía organizadora. El conductista si no recurre a esta unidad, entonces, se queda con una caja negra; con un inobservable al igual que el dualista sustancialista; con una entidad vacía desde el punto de vista ontológico. El conductista que no admite un inobservable se aleja del principal objetivo de nuestra racionalidad que consiste en entender los fenómenos. Los psicólogos que tienen el poder curativo y que esquivan los inobservables, permanecen en la ininteligibilidad, pues no tienen la capacidad de entender qué pasó realmente en el momento de la cura, como también sucede lo mismo con el físico que estudia la emanación de energía.
LA PARTICIPACIÓN DE LOS ENTES INOBSERVABLES EN LA TEORÍA DE LA IDENTIDAD: MENTE-CEREBRO
 
En el caso de Jean Pierre Changeaux, la teoría de la identidad cumple un rol eliminativista de la participación de los entes inobservables en las ciencias cognitivas, pero además ella es respetuosa de dicha participación por cuanto los admite como constituyentes necesarios en nuestra cultura. Si los objetos mentales son reemplazados por actividades electro-químicas de poblaciones neuronales, manifiesta claramente la idea de eliminar la participación de los entes inobservables, pero vemos que ésta es en un solo sentido, vale decir, elimina sólo aquellos entes que tienen una connotación espiritualista, siendo que por el hecho de ser “identidad” la relación eliminativa debería ser en ambos sentidos. La teoría psicofísica de la identidad es leída en un solo sentido. Si esto es así, entonces, pareciera ser una especie de reduccionismo materialista, pero en el caso contrario, vale decir, reducir los fenómenos biológicos a fenómenos espiritualistas, es una tesis que los teóricos con tendencias materialistas no estarían dispuestos a compartir. Porque si bien los materialistas reconocen la realidad de los estados mentales internos y el papel causal que éstos tienen sobre la conducta, identifican tales estados con los estados fìsico-químicos del cerebro, es decir, con algo material, de manera que la conducta es resultado de lo que sucede internamente en el cerebro; en cambio los espiritualistas o idealistas, especialmente en su versión pampsiquista, asumen que lo real está completamente constituido por átomos espirituales. Se podría decir que por definición la ontología del materialismo (“todo es material) es incompatible con la ontología del espiritualismo (“todo es espiritual o mental”).
 
Podríamos, además, agregar que la teoría de identidad parte del supuesto que existe una realidad fenoménica material y otra realidad no material, pero hoy sabemos que el concepto de materia está ampliamente puesto en cuestionamiento, se prefiere hablar de unidad energética y no atómica, el concepto de energía es diferente al de materia, ambos conceptos no comparten las mismas categorías de análisis. 
 
HACIA UNA CONCEPCIÓN EXCÉPTICA MODERADA DE HUME DEL PROBLEMA CUERPO-MENTE Y LA SOLUCIÓN DE THOMAS REID  
 
David Hume es considerado entre los filósofos más influyentes en la elaboración del empirismo moderno. Su postura empirista extrema lo llevan finalmente a aceptar un escepticismo especial, que él mismo denomina mitigado. Por estas razones también ha sido un gran inspirador del movimiento positivista lógico y también se considera el autor del descubrimiento del llamado problema de la inducción. Para Hume, el conocimiento en el hombre se forma gracias a la relación que tiene el sistema cognitivo con la realidad. Hume fija el punto de conexión en la impresión (impressions), para luego pasar a las percepciones y, luego, a las llamadas ideas simples, para que así, finalmente, se pase a las ideas complejas. Hume determina estos procesos a través de la asociación, creando en el hombre los hábitos y las costumbres (custom), vale decir, los sistemas de creencias. Es así como Hume concluye en el escepticismo moderado: no existe la certeza del conocimiento, pero los sistemas de creencias ayudan a suavizar el escepticismo y con ello el problema de la inducción encontraría una solución parcial de tipo psicológica y sociológica, pero no formal. Para Hume, la imaginación es la facultad que operacionaliza esta dinámica para concluir en los sistemas de creencias; a su juicio, el conocimiento no es más que un haz de experiencias, no hay un “yo” organizador, sino que las experiencias se mediatizan por las creencias (belief). En algún sentido filosófico, la teoría del conocimiento o la gnoseología de Hume es enactivista, como aquella sostenida por Francisco Varela (1990): el sistema cognitivo y la realidad se co-determinan. De este modo, para Hume, la sobrevivencia es, en última instancia, la fuerza que lleva al hombre a adaptarse, cada vez, a las situaciones nuevas. En este sentido, Hume es un naturalista. Al dejar sin participación a los entes inobservables en la teoría del conocimiento, Hume estaría más próximo del funcionalismo, de allí que aparezca como fundador, también, de la fenomenología, porque se admite la idea de que la conciencia lo es en la medida en que está referida o intencionada; la intencionalidad viste de ropaje a la fuerza de la sobrevivencia del sistema biológico.
 
Thomas Reid (2004), leyendo a Hume por quien tiene una simpatía especialsugiere que para el sentido común son necesarios ciertos principios que tendrían el carácter de ser axiomáticos. Así, cree que eliminar del discurso del sentido común el concepto del “yo” y reemplazarlo por el de haz de experiencia es una aberración. Estas ideas de Hume se fundan, sin lugar a dudas, en una especie de relativismo ontológico y epistemológico, las cosas viven en el tiempo y en el espacio, el ser cambia constantemente y todas las teorías que formulemos para dar cuenta de él son momentáneas. El sentido común exige el principio de identidad, en tanto ordenador del mundo.
 
Reid clasifica la filosofía de la mente de Hume como representacionista y concluye que éste acepta la teoría de las ideas simples, pero jamás la justificó. Reid problematiza la explicación de la intencionalidad que efectúa la teoría de las ideas en los términos siguientes: Supongamos que la teoría de las ideas simples fuese cierta, en tal caso, habría un sujeto, un objeto y una representación (del objeto). Esta representación debe tener algún tipo de relación con el objeto, ya sea de similitud o de causalidad. Por lo que el objeto es un signo que permite significarlo, para Aristóteles el signo que envuelve el significado es intuido, de allí emerge la representación. Pero sabemos que Hume esquiva el concepto de intuición y lo reemplaza por el de la captación de la unidad en lo percibido. Frente a esto, Reid cuestiona y afirma que la sola existencia del signo no es suficiente para dar cuenta de la intencionalidad del pensamiento. Para que un signo ejerza su función ha de ser interpretado. El sujeto es el intérprete de este signo, pero sólo puede interpretarlo en la medida en que posea concepciones previas del objeto representado. Entonces, el signo no consigue explicar la intencionalidad, porque lo presupone antes de la relación cognoscitiva sujeto-objeto-representación.
 
Estas ideas se explican, una vez más, cuando recurre al análisis de los principios del sentido común. Reid afirma que el sentido común no comprende la propuesta del “yo” cartesiano donde participan las ideas de las cosas; de este modo el concepto de abstracción es primordial, las ideas serían receptáculos vacíos en donde los objetos del mundo buscan encajar de la forma más perfecta posible, y que el acceso a este “yo” es por vía de la llamada intuición intelectual. Reid prefiere aceptar lo que el sentido común considera como cierto, el hombre accede al mundo a través de los juicios de las cosas y por aprehensiones vacías: “Todas las operaciones de los sentidos implican juicio o creencia, además de aprehensión simple (…) se sigue necesariamente que la aprehensión simple se obtiene resolviendo y analizando un juicio natural y original” (2004:88). En consideración a esto último, Reid estaría dispuesto a aceptar el tercer mundo de Popper (1979), el mundo de los contenidos lógicamente objetivos, un mundo cultural que contiene todas las manifestaciones de la creatividad humana. El mundo 1 sería el material o físico; el mundo 2 el psicológico o espiritual y el mundo 3 sería el resultado de los dos anteriores en un proceso de complejización creciente o de autoorganización de la materia inicial e inerte del mundo 1. En el centro de ese mundo 2 se encuentra el yo, que produce manifestaciones culturales, pero en sí mismo queda oculto, evasivo, como tan bien hicieran ver Hume y Ryle.
 
A modo de conclusión, podemos afirmar que los entes inobservables o teóricos en ciencia son necesarios para lograr el estado epistémico de la inteligibilidad, y como principio debemos aceptar la idea de que en algún momento los inobservables lleguen a ser observables, siendo esto último tarea de las ciencias. Así, existe una complementariedad entre el intelecto y la naturaleza.
 
También, hemos testimoniado que el dualismo sustancialista destruye la idea de la existencia de los entes inobservables; en otras palabras, no admite que los inobservables puedan convertirse en observables determinados científicamente. A lo anterior podemos agregar que el dualismo sustancialista no explica el interaccionismo causal cuerpo-mente. Por otra parte, el hilemorfismo aristotélico o monismo metafísico, acepta la participación de los inobservables en las teorías explicativas del mundo, solo que los inobservables se suponen como constitutivos propios de la misma naturaleza y que no podemos acceder a ellos, pero que en algún momento de la historia humana estos inobservables podrán revelarse en la realidad. Así, Aristóteles estaría de acuerdo en que la forma en el hombre, que es el espíritu, podrá mostrarse en las teorías del conocimiento por desarrollar.
Como propuesta alternativa al sustancialismo, las teorías conductistas y analíticas de la mente especialmente la de Ryle que no admiten la participación de los inobservables, deberá quedarse con la idea de que la mente no es lo que nos enseñó Descartes, una res cogitans, sino, más bien, un conjunto de propiedades disposicionales que se manifiestan en la conducta. Como vimos y a contrapelo del conductismo que filosóficamente justificaba Ryle si los estados mentales son disposiciones, nada impide resucitar el credo dualista cartesiano y concluir que las disposiciones pueden ser mentales o físicas. Con ello no solamente resurge el dualismo psicofísico, también, se reactiva el problema de la relación mente-cuerpo.
 
Otra manera de revisar el problema cuerpo-mente es analizando la teoría de la identidad mente-cerebro, teoría que celebra la idea que los fenómenos mentales se muestran en los fenómenos físicos o materiales, pero no admite la idea que los fenómenos cerebrales puedan representarse en fenómenos mentales. Los entes inobservables como constructos teóricos explicativos no tienen ninguna posibilidad y, en este sentido, el hombre es sólo un ser neuronal. La teoría de la identidad sirve sólo para eliminar toda concepción espiritualista de la mente, pero en la relación de identidad si eliminamos el sonido, eliminamos el trueno. Frente a las propuestas analizadas desde la perspectiva fisicalista o psicologista, no hemos querido dejar afuera las propuestas de carácter sociológica, el “yo” de Hume puede representarse, según Thomas Reid, en la concepción o constructo que elabora el sentido común. En sentido Reid se aleja de una concepción escéptica del mundo, intento no logrado por Hume.
 
Finalmente, la pregunta que podemos dejar es ¿Qué pasaría si no incorporamos definitivamente la participación de los inobservables en ciencia? Muchas veces, la negativa es, más bien, de carácter ideológico e inconsciente. Debemos tener presente que bajo el problema cuerpo-mente la negativa se paga con la ininteligibilidad. 
 
NOTAS
 
1 Este artículo forma parte del Proyecto de Investigación Mayor de Universidadde Tarapacá de Arica, Código 3732-10 y del Proyecto DICYT (Dirección de Investigación en Ciencia y Tecnología de Universidadde Santiago de Chile),ódigo: 031053DS.
2 El conductismo filosófico (Hempel, Ryle, Wisdom y en menor grado Wittgenstein) es una propuesta de cómo debe analizarse el lenguaje acerca de lo mental e incluye, especialmente en el caso de Ryle, la afirmación típicamente ontológica y materialista que los estados mentales internos, privados y accesibles directamente vía introspectiva son un mito, no existen. En cambio el conductismo en psicología es una propuesta metodológica sobre cómo hacer investigación psicológica ajustándose al método estándar que proviene de la ciencia natural. En sentido estricto, esta forma de conductismo no se pronuncia sobre el estatuto ontológico de los estados mentales internos, solamente dice de ellos que en caso de haberlos no son tratables científicamente por su carácter subjetivo. Cfr., M. Díaz (1989).
8 “La mayor parte de las saillances descubiertas por los animales o por los hombres desfilan delante de los organismos sin dejar trazas durables. Pero existen formas visibles, auditivas, olfativas, etc., que ––gracias a su constitución y a la disposición del organismo–– están dotadas de una significación privilegiada por el organismo desde el cual el comportamiento está afectado: la presa para el depredador, el compañero sexual durante el periodo apropiado, etc. La prégnance es el carácter específico de estas formas significativas. Las saillances y las prégnances son compatibles porque las primeras pueden estar investidas por una significación de un valor reservándose una prégnance, y la nueva forma puede, en su lugar, transmitir la prégnance a otras saillances, Podríamos pensar en la transmisión de una infección por contagio. Cfr., Miguel Espinoza (1998-2002).
BIBLIOGRAFÍA
 
Bechtel, William. Filosofía de la mente y de las ciencias cognitivas. Madrid: Tecnos, 1991.         [ Links ]
Changeux, Jean Pierre. L’ homme neuronal. Paris: Fayard, 1983.         [ Links ]
Churchrland, Paul M. Materia y conciencia. Barcelona: Gedisa, 1992.         [ Links ]
Díaz, Marcelo. “Análisis crítico de aspectos de la teoría del lenguaje psicológico en Ryle y Wittgenstein”, en Cuadernos de Humanidades, Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Chile, Nº 2. (1989):1-80.         [ Links ]
Espinoza, Alex. “Estudio de ontología: Las opciones ideológicas y el escepticismo de David Hume”, en Revista Límite, Nº 9. (2002):27-47.         [ Links ]
Espinoza, Miguel. Théorie de l´intelligibilité. Paris: Ellipse, 1998.         [ Links ]
Herbert Bradley, Francis. Apariencia y realidad. Santiago de Chile: Edit. Universidad de Chile, 1961.         [ Links ]
Jacob, François. La logique du vivant. Paris: Gallimard, 1970.         [ Links ]
Lachelier, Jules. Du fondement de l´induction. Paris: Felix Alcan, 1916.         [ Links ]
Popper, Karl. Objective Knowledge. Oxford: Clarendon Press, 1979.         [ Links ]
Reid, Thomas. Investigación sobre la mente humana según los principios del sentido común. Madrid: Trotta, 2004.         [ Links ]
Russell, Bertrand. “¿Qué es mente?”, en La evolución de mi pensamiento filosófico. Madrid: Alianza, 1976.         [ Links ]
Ryle, Gilbert. El concepto de lo mental. Buenos Aires: Paidós, 1967.         [ Links ]
Thom René. Esquisse d´une sémiophysique. Paris: InterEditions, 1988.         [ Links ]
Varela, Francisco. Conocer. Las ciencias cognitivas: tendencias y perspectivas. Cartografía de las ideas actuales. Barcelona: Gedisa, 1990.         [ Links ]
Correspondencia a:
Avda. 18 de Septiembre 2222, Arica (Chile) aespinoza@uta.cl

Alameda Bernardo O’Higgins 3363. Santiago (Chile) mdiazsoto@vtr.net
 
 
REFERENCIAS:

http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22012011000200011&lang=pt

 

1


Revista del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel

versión ISSN 0798-0477

INHRR v.37 n.1 Caracas ene. 2006

 
 
 
 
RESUMEN
En el presente trabajo se exponen sucintamente, varias de las teorías sobre el Sistema nervioso, descubrimientos, trabajos y el movimiento científico relacionado con este sistema, propuestos por numerosos investigadores de finales del siglo XIX; que intentan explicar la morfología y funcionamiento del sistema nervioso, sobre todo aquellas que han causado una verdadera revolución en ese ramo de las ciencias universales, como la Teoría de las neuronas.
 
Palabras clave: Sistema nervioso, Neuronas.
 
ABSTRACT
Several theories on the nervous system, finds, papers and scientific movements related to the system as proposed by many researchers at the end of the XIX century are briefly expounded. They are to explain the morfhology and operation of the system, specially those that have posed a real revolution in the field of universal sciences. Like the neurons theory.
Key words: Nervous system, Neurons.
 
Fuente: Anales de la Universidad Central de Venezuela. Caracas. II, 2:363-399, 1901.
 
No sin grandes temores lanzamos a la publicidad este trabajo, encaminado a exponer, aunque sucintamente, varias de las teorías del sistema nervioso; las últimas, sobre todo, que han causado una verdadera revolución en ese ramo importantísimo de las ciencias universales.
 
Grandes temores, decimos, porque no nos creemos autorizados para tratar un asunto que exige previamente conocimientos profundos; tanto teóricos como prácticos, a fin de no adulterar las distintas opiniones de sabios Profesores, que, en sus varias tendencias, ya se fortifican unas a otras, ya se contradicen en parte, o se destruyen en totalidad.
 
Profesamos la creencia de que cuando se estudian de buena fe ciencias experimentales, no se debe presuponer nada; afirmar o negar a priori; sino ir pacientemente, desde un hecho, a buscar las relaciones más inmediatas; después, las más remotas, hasta llegar a consecuencias deducidas con la más escrupulosa acuciosidad.
 
No ha sucedido así con el sistema nervioso, en cuya historia vemos la nitidez de una técnica, la aparición de un hecho aislado cautivar la atención de los biologistas, quienes creyéndose ya en posesión de toda la verdad, se alejan del campo rigurosamente experimental para internarse en el no menos delicado de las teorías e hipótesis. De ahí que las doctrinas sostenidas ayer sean rechazadas hoy; y los principios ahora establecidos corren el riesgo de ser mañana abandonados.
 
La teoría de los neuronas, una de las doctrinas biológicas más importantes del pasado siglo, después de la microbiana de Pasteur, que parecía llenar todos los vacíos, resolver todos los problemas, ha sido conmovida en sus cimientos,  o a lo menos. lleva la tendencia de ser modificada. Los descubrimientos últimamente alcanzados por Apathy, Bethe, Auerbach, Held y otros; la comunicación de Golgi con motivo del quinto centenario de la Societé de Biologie de Paris; la crítica rigurosa que hace Prenant en sus dos artículos publicados en la Revue générale des sciences; el artículo de Sicard inserto en la Presse Médicale; y, sobre todo, la interesante conferencia del Profesor Verworn en la 72ª reunión de los naturalistas y médicos alemanes, publicada en el Deutsche Medicinische Wochenschrift, demuestran la grande alarma que ha cundido en el mundo biológico, y la consiguiente desconfianza de las doctrinas reinantes.
Al tratar de teorías del sistema nervioso la primera cuestión que se presenta, quizás la más ardua y difícil de resolver, es la de la naturaleza del agente nervioso.
Nada se ha agregado a la noción que se tenía de esto en los siglos XVI, XVII y XVIII, aparte los numerosísimos descubrimientos verificados sobre su acción, y el conocimiento asaz avanzado del aparato que le sirve de vehículo.
 
En el siglo antepasado, después de haberse señalado las leyes de la propagación de la electricidad por frote, se tenía la presunción de que el fluido nervioso era igual al fluido eléctrico. Más tarde, por los años de 1780 a 1790, Galvani, Profesor de Anatomía y Fisiología de la Universidad de Bologna, descubre y comprueba la electricidad conocida con el nombre de Galvanismo; y ese hecho de orden físico y biológico tan notable, sirve de guía a posteriores descubrimientos sobre electricidad dinámica, y de fundamento a la teoría eléctrica del sistema nervioso.
 
Defendida calurosamente por gran número de fisiólogos, rechazada por otros, no habría tenido eco bastante en la ciencia, a no haber sido por detalles estructurales, descubiertos a mediados del siglo pasado, que justifican la comparación del sistema nervioso a un aparato telegráfico, cuyos hilos conductores serían los nervios periféricos.
 
¡Magnífica manera de ver desde el punto de vista de la centralización y reparto del agente nervioso; pero errónea concepción al tratar de identificarlo con la electricidad!
 
Los fisiólogos modernos han mirado con desdén esa identificación, por más que haya la mencionada homología, y exista realmente en el estado normal de los nervios una especie de polaridad eléctrica, que se modifica en el estado funcional, según el profesor Du Bois Reimond.
Los nervios no son mejores conductores de la electricidad que los demás tejidos.
 
Si se corta un nervio y se juntan los dos cabos, la corriente nerviosa no pasa; mientras que la electricidad se trasmite por contigüidad de dos hilos conductores.
 
La velocidad de la electricidad, igual a la de la luz, es de 318.000 kilómetros por segundo; y la del agente nervioso, calculada ingeniosamente por Helmholtz, Valentín, Du Bois Reimond, Marey y otros, es considerablemente menor: de 25 a 30 metros por segundo en los nervios motores de la rana. Marey ha encontrado velocidades mucho menores.
 
La intensidad de la corriente eléctrica es igual en todo el trayecto del alambre conductor; la corriente nerviosa aumenta de intensidad; forma bola de nieve al propagarse.
De ahí que Prenant concluya: “Se admite que hay un movimiento nervioso; pero nada tiene de común con la electricidad”; y Beaunis: “Se puede afirmar que hay un movimiento trasmitido; pero no se puede ir más allá” “¿Será una vibración; un derrame de fluido, más o menos comparable al fluido eléctrico; una descomposición química; una transformación isomérica; una trasmutación molecular de la sustancia nerviosa?”…
 
La respuesta es imposible.
 
* * *
El sistema nervioso está constituido esencialmente, desde el punto de vista funcional, de células y fibras nerviosas. Las primeras descubiertas por Remac se encuentran en la sustancia gris de los centros encéfalo-medulares y en los ganglios, mientras que las otras, cuyo descubrimiento se debe a Eremberg, forman los nervios periféricos.
 
Wagner fue quien primero señaló el hecho de que toda fibra nerviosa del órgano eléctrico del torpedo se continúa con un prolongamiento de una célula nerviosa; hecho que Deiters comprueba y generaliza para todas las fibras de los nervios periféricos, a la vez que distingue el prolongamiento cilindraxil, llamado también de Deiters, de los demás prolongamientos celulares.
Sobre estos datos, que fueron los principales conseguidos con técnicas casi rudimentarias, los primeros histologo-neuro-logistas dieron idea del “plan de organización del sistema nervioso y del papel esencial de las partes que lo constituyen”.
 
De acuerdo con la teoría celular, aceptada ya generalmente, atribuyeron a la célula nerviosa todas las propiedades funcionales, sirviendo sus prolongamientos para la transmisión de la neurilidad.
 
El sistema nervioso más simple estaría constituido por una célula con dos prolongamientos: uno en relación con la superficie sensible, o receptriz; y el otro con la motora o reaccional. Uno más avanzado lo estaría por dos, tres, o más células, hasta llegar a los más complicados.
Poco tiempo después por los trabajos de los hermanos Hertwig, sobre el aparato neuro-muscular de las medusas, se tuvo mejor noción, desde el punto de vista filogénico de las ideas primeras, representadas entonces por esquemas como puede verse en el primer libro de Fisiología de Beaunis.
 
Como resultado de los trabajos mencionados se desprende que en ciertas especies de medusas inferiores las células sensibles son a la vez motoras [células neuromusculares de Kleinemberg]; pero en especies de órdenes más adelantados se encuentran diferenciadas unas de otras; unidas entre sí, o por un delgado filamento protoplásmico, o por una célula intermediaria; o existe un plexo de fibras delicadas en el cual están distribuidas las células de dos o tres prolongamientos.
 
Estas empiezan a centralizarse en las medusas superiores, desprovistas de repliegues marginales (Acrápedes); para constituir ganglios definitivos en los equinodermos; de cuya fusión transversal y longitudinal, se llega al través de los radiados, moluscos e insectos, al tipo del sistema nervioso mediano dorsal de los vertebrados.
 
Histogenéticamente considerado el sistema nervioso, era natural que surgiera de ahí la cuestión tan debatida, de las conexiones celulares, para explicar, entre la multiplicidad de elementos que lo componen, la unidad de acción en el acto reflejo, el más simple de los actos nerviosos. También era natural que se creyera en la unión íntima de las células, colocadas unas a continuación de otras.
 
En 1871 Gerlach, con su método por el cloruro de oro, formuló su teoría, que por mucho tiempo fue adoptada en la ciencia.
 
Gerlach no cree como Deiters que toda fibra nerviosa es la continuación de un prolongamiento cilindraxil de la célula. Para él únicamente las células motoras tendrían ese prolongamiento que se continúa con la fibra motora. Las fibras sensitivas dimanarían de un retículo que se encuentra en todo el trayecto de los centros; el cual creía formado por los prolongamientos protoplasmáticos de las células. A ese intrincamiento de fibras se llamó: red de Gerlach.
Golgi, después de haber descubierto su célebre técnica, fundada sobre la propiedad que tienen las células nerviosas de precipitar en su interior el cloruro de mercurio o el cromato de plata rojo, establece la libre terminación de los prolongamientos protoplasmáticos en los vasos; los aparta del circuito nervioso, dándoles un papel puramente trófico.
Anteriormente a Golgi se creía que el cilindro-eje era indiviso, principal propiedad con que lo distinguían de los dendritos. Corresponde al célebre profesor italiano el descubrimiento de las colaterales del cilindro eje.
 
Acepta con Deiters el prolongamiento cilindraxil en todas las células nerviosas, pero en unas es corto y bastante  ramificado: células sensitivas específicas; y en otras es largo: células motoras. 
Los cilindro-ejes de las células sensitivas con sus múltiples colaterales, así como las colaterales del axona de las células motoras, formarían un fino retículo al cual Golgi llama: red nerviosa difusa.
 
Permítasenos abrir un paréntesis para hacer justicia a Golgi.
 
Es corriente hoy, no sólo entre nosotros, sino también en otros centros científicos, atribuir el descubrimiento de las colaterales de la médula al sabio español Ramón y Cajal; y nosotros, si hemos de guiarnos por los originales de Golgi, concedemos a éste último el honor de la prioridad.
 
Golgi, abordando el asunto dice:  En las piezas, tratadas por el método de la coloración negra, es fácil comprobar que las fibras de los diversos cordones de la médula espinosa, comprendidos los cordones anteriores, envían de distancia en distancia fibrillas que penetran en la sustancia gris, donde se subdividen de una manera más o menos complicada”. 
 
Toda la confusión proviene de que el mismo Ramón y Cajal hubiera querido para sí el honor del descubrimiento, desde luego que Golgi lo había hecho de una manera poco precisa, y publicado en periódicos de escasa circulación.
De igual manera se habla muy comunmente del método rápido de Ramón y Cajal, al tratar de las impregnaciones argénticas; y lo peor es que se registra también en artículos y aun en tratados técnicos.
 
Los métodos del cromato de plata y cloruro de mercurio son todos de Golgi. Ramón y Cajal sólo ha aumentado en mínima cantidad el ácido ósmico de la mezcla ósmicobicrómica del método rápido; y ha llevado algunas modificaciones en la manera de aplicarlo.
 
Promulgado en el mundo biológico el descubrimiento técnico de Golgi, numerosísimos experimentadores lo aplicaron en sus estudios sobre el sistema nervioso; y poco tiempo después Ramón y Cajal, el primero, y tras él Kölliker, Lenhosek, Van Gehuchten y otros, en trabajos publicados en profusión, dieron las pruebas anatómicas de una teoría esencialmente celular, imaginada antes por Meynert, Wundt, y Nansen, fundada sobre la Embriología por His en 1883, y sostenida por Forel en 1887 en nombre de la Fisiología psicológica.
Forel se apoya en la teoría eléctrica del sistema nervioso para establecer sus conclusiones. “No veo, dice, la razón por que deba considerarse como un postulado fisiológico la conexión continua y recíproca entre las ramificaciones de los elementos. La electricidad presenta numerosos ejemplos de parecidas transmisiones sin continuidad directa: podría ser lo mismo para el sistema nervioso”.
 
Según Cajal y otros autores, las células nerviosas, con sus expansiones cilindraxil y protoplasmáticas, constituyen unidades anatómicas, completamente independientes, a las que Valdeyer llamó neuronas; y Baker, neuros.
Tanto el prolongamiento cilindraxil como los protoplásmicos, estos últimos en razón de sus arborizaciones llamadas también dendritos, de cada neurona o neuro, se terminan libremente en los centros como en la periferia.
 
Los dendritos desempeñan también la conducción nerviosa, y ésta se establece entre los neuronas por simple contacto de las ramificaciones celulares.
 
Ehrlich había demostrado en 1886 que inyectado un animal con una solución de azul de metileno; o puesto un fragmento de centros nerviosos recién extraídos del animal en contacto con la mencionada solución, las células nerviosas con sus dependencias se coloraban de azul; técnica que le sirvió a Retzius en sus experimentos sobre animales inferiores; y que confirmó la teoría de los neuronas, tal como había sido expuesta por Cajal y otros experimentadores.
Como se ve, la teoría en referencia se afianzaba más y más; con dos procedimientos técnicos distintos, el de Golgi y el de Ehrlich, se habían obtenido resultados idénticos.
Como complemento a la teoría de los neuronas vino otra conocida con el nombre de: Teoría de la polaridad dinámica de las células nerviosas; emitida por Van Gehuchten en 1891, y aceptada por Cajal.
 
Según estos sabios la conducción nerviosa no se ejerce en todos sentidos. En los dendritos se verifica de la periferia al centro (considerando como centro el cuerpo de la célula); y en el cilindraxil, del centro a la periferia; es decir, la corriente nerviosa sigue una misma dirección, del dendrito al axona pasando por el cuerpo de la célula. De ahí que los prolongamientos protoplasmáticos se llaman también celulípetos; y el cilindraxil, celulífugo.
Pero resulta de las observaciones histológicas que el axona no dimana en algunas células directamente del cuerpo celular, sino de uno de los dendritos; y muchas veces a considerable distancia de él. ¿Como se explicaría entonces  la conducción nerviosa en el fragmento comprendido entre el cuerpo de la célula y el punto de que deriva el cilindro-eje?
 
Por esta razón Ramón y Cajal modificó la teoría de la polarización, asentando que la corriente nerviosa en los dendritos era exípeta, es decir, se acerca al axona; mientras que en éste dendrífuga o somatófuga, porque se aleja de él. Todo en virtud de una ley, llamada por Cajal: ley de la economía del tiempo y del horror de la materia y que Prenant formula así: “El agente nervioso tiene horror en recorrer la materia, y toma el camino más corto para ganar tiempo”.
No creemos que el hecho de depender el cilindro-eje de un dendrito constituya una objección seria a la teoría primitiva de la polarización dinámica.
 
His ha demostrado que el axona es el primero de los prolongamientos que se forma del neuroblasto; y de consiguiente, se origina directamente del cuerpo celular; sólo que por modalidades de forma, en virtud del desarrollo, es muy probable que las ramificaciones fusionándose unas con otras, sostengan su independencia funcional. Las células de los ganglios espinales son bipolares en el embrión (His, Lenhosek, Cajal); y en el adulto se transforman en unipolares en T, a: excepción de las células ganglionares acústicas, que conservan su bipolaridad primitiva.
 
Es verdad que Van Gehuchten no acepta la fusión de prolongamientos en células ganglionares en su obra, System nerveux, que por su importancia ha venido a ser clásica.
“Esta transformación, dice el autor citado, no se hace, como nosotros lo creímos durante algún tiempo, por el encuentro y la fusión íntima de los dos prolongamientos primitivamente independientes, sino que es debida únicamente, como lo han comprobado Lenhosek y uno de nuestros discípulos, I. Martín, a un desenvolvimiento irregular del cuerpo de la célula”.
Con la adición de la polaridad dinámica, la teoría de los neuronas se hacía más atractiva y seductora, hasta sentar rápidamente su predominio en el mundo científico.
La célula nerviosa era considerada como el centro de todas las actividades: preside la génesis de los prolongamientos (centro genético); asegura la nutrición de los elementos (centro trófico); y asimila la mayor parte de la conducción nerviosa (centro funcional).
El ardor que suscitó en todos los ánimos una explicación tan simple, tan satisfactoria, en pos de la cual venía luchándose tanto tiempo, era muy natural.
¡Nada que nos preocupe más que el sistema nervioso. “Su papel como impulsor de la vida despierta suma curiosidad hacia sus misteriosas evoluciones!”
 
* * * 
La teoría de los neuronas ha servido además, de guía y estímulo a todos los trabajos realizados, e hipótesis emitidas durante los diez últimos años sobre el sistema nervioso. Penetró en los dominios de la Patología para explicar gran número de afecciones (Parálisis y anestesia de los histéricos, etc.); en la Filosofía, y actos como el sueño, se interpretaron fácilmente; en la Psicología, y no fueron un misterio profundo e insondable para los biologistas, la inteligencia, memoria, asociación de ideas, etc. Mas para ello necesitaba una modificación: los neuronas debían ser además de independientes, movibles; y así los concibió Meynert precursor de la teoría. El suponía las células nerviosas: “Como grandes amibas con pseudopodos gigantescos, que por una parte exploran el mundo exterior, con los órganos de los sentidos; y por la otra, lo conquistan, con los aparatos musculares anexos”. Antes de la teoría de los neuronas, se habían ya observado por Vather, movimientos de las células de cerebros congelados (de rana) en el momento de su congelación; y una retracción persistente de las células del simpático a continuación de exitaciones fuertes por Popof. En 1890 Wiedersheim, reputado anatómico alemán, publicó su notable trabajo sobre el movimiento amiboideo de las células del cerebro del Leptodora hialina, crustáceo transparente, que se encuentra en el lago de Constanza de junio a noviembre, para desaparecer en los demás meses del año. En este animal, medio cloroformizado para impedir los movimientos exagerados de los músculos oculares, y hacer fácil la observación, a la vez que conservar los movimientos peristálticos del intestino y el funcionamiento del corazón, Wiedersheim ha podido observar en una zona colocada en el tercio anterior del segmento posterior, las células primero redondas, alargarse luego, hacerse claras, oscuras después, emitir uno o más prolongamientos, y, por último, desaparecer en el interior del ganglio. Nuevos núcleos con granulaciones refringentes salen al campo de investigación para volver a desaparecer después de haber tomado diversas formas. Estos son los datos del fenómeno que hemos obtenido de Soury en su trabajo “L’amioise des cellules nerveuses”, quien, a su vez lo ha tomado de los originales de Wiedersheim; y he aquí el resumen interesante de sus conclusiones:
 
“1º Existen en el cerebro de ciertos crustáceos fenómenos de movimientos localizados en una zona especial y distinta.
 
“2º Corresponde evidentemente a esta zona con la cual están en relación todos los sistemas de fibras y del ganglio óptico, una verdadera significación morfológica y fisiológica.
 
“3º Se desprende de estas investigaciones que la substancia nerviosa central no está modelada en formas inmutables, fijas e inmóviles: son capaces de movimientos activos”.
Sobre estos hechos y siguiendo el curso de las ideas e hipótesis de Rabl Rückhard, fundó Matías Duval una teoría amiboidea, aceptada generalmente en Francia y Bélgica.
 
Para Duval los prolongamientos cilindraxiles están dotados de movimientos activos que permiten el mayor o menor contacto de los botones terminales: y de consiguiente la mayor o menor facilidad en la trasmisión nerviosa. La retracción de los prolongamientos aisla los neuronas unos de otros, y suspende toda actividad cerebral: al contrario, su expansión activa y desenvuelve las funciones del sistema nervioso.
 
Duval, basándose en estas ideas elementales, dio a conocer su reputada teoría histológica del sueño. Cree que, a semejanza de un leucocito anestesiado, visto al microscopio, retrae sus pseudopodos y queda estático; los neuronas hacen lo mismo durante el sueño, debido a un exceso de ácido carbónico y falta de oxígeno, que los encoje y aletarga; pero expuestos a que cualquiera exitación capaz de aumentar su magnitud, restablezca los contactos, y la vigilia sobrevenga. Explica también como ciertos excitantes obran sobre el sistema nervioso, tales como el café, el té, que tienen marcada influencia en las funciones psíquicas, imaginación, memoria, etc., y evitan el sueño al mismo tiempo.
 
La teoría amiboidea de Duval recibió mayor aplicación con el descubrimiento de fibras centrífugas en las vías centrales del nervio óptico, y que Cajal y Manuelian encontraron asimismo en las olfativas; cuales eran consideradas, ya como estimuladoras de las neuronas, ya como reguladoras del agente nervioso; para Duval, verdaderos nervi nervorum, destinados a presidir la actividad amiboidea de las células. Lépine había emitido una teoría semejante a la anterior para explicar las anestesias y parálisis instantáneas de los histéricos, con la diferencia de que atribuía el amiboismo a los dentritos, y Duval a los axonas.
 
El amiboismo nervioso, considerado como Rabl Rückhard, Wiedersheim, Lépine, Duval y su discípulo Deyber, implica cierta fluidez del protoplasma de la célula nerviosa que no posee. El hecho de formarse los prolongamientos en el embrión de una manera típica y constante; la comprobación de su estructura fibrilar consistente y extrictamente organizada; el haber observado el mismo orden de terminación de los dentritos y axonas en animales sometidos a diversos agentes, físicos, químicos y mecanicos, fueron objecciones poderosas, opuestas por Kölliker, Lenhosek y Cajal a la plasticidad de los neuronas.
 
Samassa niega la naturaleza nerviosa de los elementos observados por Wiedersheim, apoyándose en que distintas partes del cerebro del Leptodora hyalina sobre todo, la zona especial y distinta que sirve de punto de encuentro a todos los nervios, están cubiertas de células poligonales con núcleos voluminosos y vacuolos en el protoplasma. Estas células que él ha fijado por ácido ósmico que las tiñe de bruno, no tienen nada de común con las propiamente nerviosas del cerebro del animal en referencia, y están dotadas de movimientos activos.
No menos ingeniosa que la teoría de Duval es la emitida por Tanzi. Este célebre profesor italiano funda su exposición en las leyes de hipertrofia funcional y del ejercicio de la biología celular.
Todo elemento que funciona como una fibra muscular, una célula glandular, activa considerablemente los cam- bios nutritivos y se acompaña de una turgescencia, de un aumento de volumen tanto mayor cuanto más trabaja.
 
Para Tanzi pasa lo mismo con las células nerviosas. Se exita un neurona, y una corriente lo recorre desde sus prolongamientos protoplasmáticos hasta la terminación del cilindráxil, en su interior produce cambios, no sólo en el sentido bio-químico, sino también en el físico y orgánico; de consiguiente, aumenta de volumen. Ahora bién, según la teoría clásica los neuronas están separados los unos de los otros. Cual sea la distancia, se ignora. Pero de esta teoría se desprende que existen espacios inter-neurónicos necesariamente. Mientras mayores sean éstos menos expedita tiene la vía la corriente nerviosa, y la transmisión se retarda. Todo lo contrario resulta cuando los espacios son menores; de tal manera, que podemos formular: la transmisión nerviosa se hace en razón inversa de la magnitud de los espacios inter-neurónicos.
Mientras más se ejercita un neurona por el aumento de volumen, va haciendo mejor franqueables las distancias entre sí. De ahí que las exitaciones sean más rápidas. La habilidad del músico para la coordinación de los sonidos; la del poeta para combinar las imágenes en sonoras estrofas; el perfeccionamiento de un arte cualquiera, etc., serían para Tanzi debidas a las relaciones entre los neuronas, hechas más íntimas por el ejercicio funcional.
 
Respecto a la función del neurona, el autor no le da otra que la sensibilidad, la cual considera como una especie de irritabilidad celular  El modo de ver de Golgi, que establece por la forma del elemento su función específica, ha sido completamente rechazado por la ciencia. 
 
Todos los elementos nerviosos, desde la célula piramidal del cerebro, hasta la de los cuernos medulares, están constituidos por una misma sustancia; funcionan de idéntico modo, aunque exista entre ellos la mayor diversidad de formas.
 
No hay neuronas motores, puesto que así mismo los habría glandulares. Las distintas funciones, sensaciones, movimientos, secreciones, se deben a los epitelios sensoriales, fibras musculares y epitelios glandulares en los cuales terminan.
 
De ahí que se haya adoptado generalmente esta nueva clasificación: Neuronas receptores, destinados a recibir las impresiones del mundo exterior; neuronas reaccionales, los que traducen esas impresiones, en movimientos, secreciones; y, neuronas de asociación, los intermediarios, que, si se nos permite el lenguaje de los electricistas, empleado por Soury, son los interruptores y condensadores del agente nervioso.
 
Las teorías de Tanzi fueron comprobadas por Lúgaro, en una serie de experiencias sobre ganglios de conejos, exitados por corrientes farádicas; y dedujo las siguientes afirmaciones:
 
1º La actividad de la célula nerviosa está acompañada de un estado de turgescencia del cuerpo celular.
 
2º La fatiga produce una disminución progresiva en el tamaño de la célula.
 
Pero según Lúgaro, sus experiencias, de acuerdo con las de Mann, y en parte con las de Hodge, se oponen abiertamente a las de Vas y Nissl.
He aquí otra faz de la plasticidad de los neuronas.
 
Las técnicas de Golgi y de Ehrlich han demostrado que existe en las ramificaciones dentríticas, sobre todo en las células piramidales de la corteza cerebral, y en las de Purkinje del cerebelo, unas arborizaciones llamadas espinas por Cajal, y gémulas o apéndices piriformes por la señora Stefanowska.
 
Sobre la función de esas arborizaciones se ha discutido mucho. La opinión más autorizada es que sirven para establecer mejor los contactos entre las células.
Las investigaciones de Dogiel, Renaut, Demoor, Solvay, Stefanowska, Quertón, Manuelian y muchos otros, han demostrado que en ciertos estados funcionales y patológicos las espinas se hacen varicosas, y aún desaparecen, dando a los dentritos un aspecto especial, que ellos llaman perlado o monoliforme.
 
Este modo de presentarse los dentritos en animales cloroformizados, tratados por la morfina y otros muchos agentes, calor, electricidad, etc., ha sido atribuido por los partidarios del amiboismo a un éxtasis de la actividad de las células nerviosas. Estas, retrayéndose, recogen las espinas, fenómeno análogo al que ha observado Verworn en los rizopodos. Todo lo contrario para Lúgaro. El aspecto monoliforme denota para él mayor actividad del elemento; y se funda en que la corriente nerviosa, al pasar por un dentrito erizado de puntas, pierde por cada una de éstas, partes de su fuerza, igual a lo que pasa con la electricidad. Esto no sucede cuando el dentrito es un hilo uniforme, regular, porque entonces la excitación que recibe la trasmite íntegra al neurona contiguo.
 
Lúgaro trae en su apoyo nuevos experimentos. Ha fijado las células en el animal vivo para sorprenderlas en su forma peculiar, inyectando en el sistema arterial cerebral líquido de Cox, y ha podido observar en cerebros de perros morfinizados y narcotizados por el cloral y el éter, gran abundancia de gémulas; o sirviéndonos de agena expresión, un revestimiento lujuriante de apéndices espinosos de los dentritos.
 
Para solucionar estas divergencias, dos experimentadores norte-americanos, Frank y Weil, emprendieron una serie de investigaciones en cerca de cuarenta y ocho conejos.
Emplearon cuatro modificaciones del método de Golgi en conejos sometidos a un mismo narcótico y veneno; y cada modificación dio un resultado distinto. La inversa, un mismo método fue seguido en animales tratados por diversos agentes y las conclusiones fueron contradictorias. De lo cual se desprende que las modificaciones de los dentritos, bien según Dogiel, Renaut, Montí, Berkley, etc.; bien según Lúgaro, Soukhanoff, dependen de la fijación y tratamiento de las piezas, y no de mayor o menor actividad celular.
 
Debemos señalar también la teoría de Cajal, aun cuando en su contra se hayan pronunciado Van Gehuchten y otros decididos partidarios de la teoría de los neuronas.
 
Es sabido (de todo el que esté en cuenta de la estructura del sistema nervioso), que existe un tejido llamado neuróglico en todo el eje encéfalo-medular. Considerado por algunos de origen nervioso; por otros de naturaleza conjuntiva; todos están de acuerdo en que es un tejido de sostén. Las células neuróglicas, llamadas por su forma astrocitos, cuerpos aracnoideos, abundantes alrededor de los vasos; por lo cual se han supuesto codependientes de éstos con prolongamientos de gran longitud, que muchas veces se confunden con los propiamente nerviosos, sirven de aisladores de los neuronas, y llenan los espacios dejados libres por degeneración de éstos.
 
Cajal, opuesto al amiboismo de las células nerviosas, (como antes hemos dicho), pero encariñado con la idea sugestiva de que las funciones psíquicas dependan de simples relaciones mecánicas entre los neuronas, atribuyó a la neuroglia un papel muy importante en el mecanismo de la ideación y atención. Son para él los prolongamientos neuróglicos los que retrayéndose o relajándose acercan o separan los neuronas unos de otros.
 
* * * 
 
Hemos expuesto la teoría de los neuronas con sus puntos principales, sus tendencias, sus modificaciones y su aplicación a la Fisiología y Patología. ¿Tendremos razón en afirmar que la referida teoría está conmovida en sus cimientos? El afianzamiento de una teoría biológica dependen del número y de la clase de hechos que la comprueben; éstos son observados mediante técnicas especiales, y desautorizadas, no podremos concluir que los hechos no existen; pero si que hemos observado mal. Tal sucede con la teoría de los neuronas. En los últimos años se ha despertado suma desconfianza a la técnica de Golgi, desconfianza que se entreveía desde hace mucho tiempo en raras personalidades científicas, pero que no se había extendido y acentuado tanto como hoy.
 
No somos tan pesimistas como el profesor Werworn, quién asegura que la referida técnica dentro de poco será abandonada por la generalidad de los experimentadores. Creemos, como otros, que ella ha desempeñado, Y desempeñará un importante papel en la investigación de la topografía de los núcleos centrales en el eje encéfalo-medular.
 
Desde hace cuatro años nos iniciamos en el estudio práctico del sistema nervioso; y durante ese tiempo, nos ha sugerido la idea, emitida primero por Szawinska, de cómo una técnica de preparados tan ordinarios, tan brutales, pueda darnos cuenta de si existe, o no, conexión entre las finísimas y delicadas ramificaciones de las células nerviosas.
 
En nuestras preparaciones de centros nerviosos tratados por las técnicas de Golgi, se encuentran, al lado de figuras claras y precisas, todos los defectos señalados por diversos experimentadores; y que atribuiamos, al principio, a nuestra inexperiencia y falta de escuela.
Los procedimientos por el nitrato de plata dan numerosos grumos negros en el interior y en la superficie de las preparaciones; inevitables, aun cuando se envuelvan las piezas, antes de tratarse, en gelatina como ha sido indica- do; y los del bicloruro de mercurio además de imágenes negativas que sufren considerablemente en la inversión, presentan cristales en forma de alfileres, los cuales al cabo de algunos días las inutilizan por su abundancia. Nosotros usamos la modificación de Cox, por parecernos que da mejores resultados, después del método rápido, y ser más económica que éste. La hemos empleado en centros nerviosos de buey y perro adultos, en gatos y conejillos de Indias recién nacidos, y casi siempre hemos logrado felices impregnaciones. He aquí como procedemos: –ponemos fragmentos pequeños de tejido nervioso en la solución mixta de Cox, teniendo cuidado (y este es un dato muy importante) de usar grandes cantidades, y de renovarlas constantemente.
 
Nuestro maestro doctor José Gregario Hernández, Director del Laboratorio de Histología, nos hizo la observación de que el líquido de Müller tenía la propiedad de descomponerse con suma facilidad en nuestro clima, por lo cual es necesario renovarlo incesantemente en las fijaciones. Lo mismo sucede con todos los líquidos bicrómicos. En cambio el endurecimiento de las piezas; se hace aquí en menos tiempo del señalado por los autores europeos: mientras éstos recomiendan uno, dos, tres, y hasta cuatro meses de sumersión de los fragmentos nerviosos en la mezcla de Cox, bastan quince, veinte días, lo más un mes, para obtenerse bellísimas preparaciones. Hacemos los cortes en el microtomo de Ranvier o mejor en el de Selong, y los montamos libres en resina damar y colofonia en benzina.
 
Pero volviendo a los defectos de las técnicas mencionadas, se les ha imputado que el grosor de los cortes impide ver las células con lentes de aumento considerable.
Por otra parte, las células no se coloran todas; lo cual no contraría la idea de que una célula teñida se halle en relación de continuidad con otra que lo está. El aspecto pulverulento que da a las ramificaciones hace ver separaciones donde no las hay; y hemos podido observar directamente soluciones de continuidad en el prolongamiento caudal de las células piramidales de la corteza cerebral a poca distancia del cuerpo de la célula. Todos los autores recomiendan gran circunspección en la interpretación de las figuras reveladas por la técnica de Golgi, por que muchas veces no son sino productos artificiales. “He golgificado una papa, y he obtenido fibras nerviosas muy bellas”. –Ha escrito un corresponsal a Lee y Henneguy.
 
De todo esto se concluye que el método en referencia no es suficiente para confirmar los principios elementales de la teoría de los neuronas; ni tampoco el de Ehrlich. Prenant señala que al lado de filamentos perfectamente bien trazados por el azul se encuentran engranadas, en rosario, un semillero de granulaciones consideradas por algunos como botones terminales, y que no son sino artificios del método; lo cual impide dilucidar si existe, o no, un verdadero plexo.
Veamos como se presenta la célula nerviosa sometida a otras técnicas.
 
Es indudable que uno de los primeros adelantos se debe a la de Nissl. Flemming fue el que inició el hecho de que la célula nerviosa, tratada por los colorantes básicos y neutros de anilina en caliente presenta un aspecto manchado como la piel de tigre, o pavimento de mosaico; pero fue Nissl quien lo estudió mejor: de ahí que a la técnica se le dé su nombre; y a cada una de las manchas, corpúsculos de Nissl, elementos cromatófilos, cuerpos tigroideos por los alemanes.
La existencia real de estos cuerpos intra vitam, y su significación funcional han sido muy discutidos; de tal suerte, que existe sobre ellos una rica literatura biológica.
 
Los cuerpos de Nissl son más notables y mejor distribuidos en las células de los cuernos anteriores medulares, de forma poligonal, abundantes en derredor del núcleo, (perinucleares); voluminosos en el medio del protoplasma, (mesoprotoplasmáticos); un poco más pequeños en la periferia de la célula, (periprotoplasmáticos); fusifornes en los dentritos, y tanto más raros cuanto más separados están del cuerpo de la célula.
 
En las células fusiformes ellos también lo son, a excepción de dos triangulares, colocados hacia los polos del núcleo: los unos se disponen a continuación de los otros; de tal modo, que las células fusiformes parecen bucles de cabello, como hemos tenido ocasión de observarlo en nuestras preparaciones.
 
Si se estudian los elementos cromatófilos con un fuerte aumento, se ve que están constituidos por granulaciones finísimas; y por reacciones histo-químicas, se ha comprobado que están constituidos por una sustancia núcleo-protéica, con menos fósforo que el ácido nucleínico del núcleo; y por lo cual se consideran originados, probablemente, por los cambios del núcleo sobre el protoplasma.
 
Algunos investigadores, entre ellos Hardy, han considerado los gránulos de Nissl como manifestación de alteraciones cadavéricas de las células, o resultados ficticios de los líquidos fijadores y colorantes. Se agrega a esto el que Held no haya podido colorar las células vivas por el azul de metileno.
Por numerosos ensayos, hechos en el Laboratorio de Histología y en el Instituto Pasteur de Caracas en médula de buey, hemos podido confirmar que los gránulos tigroideos no dependen de los fijadores y colorantes.
 
Tenemos que dar primero idea de una modificación que hemos llevado a la técnica de Nissl, descrita en los tratados, del modo siguiente: cortes de centros nerviosos fijados en cualquier medio (formol, alcohol, líquidos bicrómicos, etc.) son tratados por una solución de azul de metileno y fuscina ácida en caliente durante algunos minutos; se descoloran en alcohol adicionado de aceitede anilina, y se montan en bálsamo, conforme a las reglas habituales.
Nosotros disociamos según el procedimiento de Ranvier por el alcohol al tercio las células nerviosas frescas en un tubo de ensayo. Ponemos en el tubo unas gotas de azul boratado de Sahli o tionina de Nicolle, o cualquiera de los colorantes básicos más usuales, hasta obtener un color subido; lo llevamos a la estufa durante media o una hora, a una temperatura de cuarenta a cincuenta grados. Las células se depositan en el fondo del tubo, y de allí las tomamos con una pipeta; colocamos una gota sobre la lámina; y, cuando las células se han asentado, hacemos pasar una corriente de glucosa de Brunn, uno de los mejores conservadores de los colorantes anilínicos; y, por último, bordeamos las preparaciones con betún de Judea.
 
Podemos asegurar que el modo de aplicar la técnica de Nissl, que hemos señalado, complementa el empleado por la generalidad de los experimentadores. Con él se estudian las células nerviosas aisladas unas de otras con sus prolongamientos, los cuales pueden obtenerse de una gran longitud. El desgarramiento que por acción mecánica se produce en el elemento y sus dependencias en vez de perjudicar, conviene al observador; porque puede determinar la disposición de los corpúsculos de Nissl en el interior de la masa protoplasmática. Además tiene la ventaja de no emplear decoloración, por lo cual no existe la duda de que cuando una célula aparece en estado de cromófobo o apignomorfo lo deba a la acción más o menos prolongada del reactivo decolorante.
 
Por nuestra parte debemos declarar que en nuestros ensayos en células disociadas, no hemos encontrado ni una sola cariocroma, como con el método de los cortes.
En muchas ocasiones los prolongamentos se fraccionan, y el campo de sección aparece como un manojo de hilos fuertemente coloreados en una sustancia pálida e incolora, semejante a los campos de Conheim de las fibras musculares, y que podríamos llamar campos de Nissl.
Otra observación que hemos podido hacer es la de que los corpúsculos de Nissl no ocupan toda la longitud de los prolongamientos protoplasmáticos. El hecho de no colorarse el prolongamiento cilindraxil corresponde también a las finas ramificaciones dependientes del cuerpo celular y a las terminaciones de los dentritos.
 
Hemos empleado, en lugar del alcohol al tercio, líquidos conservadores, soluciones salinas diversas, y aun agua destilada pura; y de todos modos hemos obtenido resultados positivos de coloración de los elementos cromatófilos: sólo que por detalles de técnica no es recomendable hacer uso de soluciones más densas que el tejido nervioso. Se desprende de ello que cualquiera que sea el líquido en que se verifique la disociación, los cuerpos de Nissl aparecen; luego no son resultado de los líquidos fijadores. No sólo los colorantes anilínicos tienen la propiedad de teñirlos; porque, con gran sorpresa, hemos visto células de los cuernos anteriores con sus corpúsculos destacados por el picrocarmín. Las bellas coloraciones nucleares que da el carmín de Grenacher nos llevó a emplearlo en el tejido nervioso; y si no fuera por los precipitados que se forman, sería utilizable; siendo de observase que por lo poco penetrante del reactivo, sólo colora los corpúsculos superficiales.
 
Es muy probable que los cuerpos tigroideos se encuentren en la célula viva en un estado semifluido. Formados por una sustancia núcleo-protéica puede ser ésta la aislada por Halliburton o la señalada por Marinesco, coagulables a cincuenta y tres grados, o cuarenta y nueve respectivamente.
 
Esos corpúsculos han sido considerados o como fuentes de energía, (Kinetoplasma de Marinesco); y para Nissl, Mann, Lúgaro, Van Gehuchten, una sustancia de reserva destinada a la nutrición del elemento. Según Verworn, Becker ha logrado colorarlos por el rojo neutro intra vitam; y Van Lenhosek ha señalado la utilidad de la técnica de Nissl en las células vivas.
 
La aparición de los cuerpos tigroideos en las células nerviosas embrionarias se hace, según Van Biervliet a los tres meses de la vida intrauterina en el hombre.
 
Y Dall Isola los hace coincidir con la época de mielinización de las fibras radiculares, por lo cual les atribuye una importancia funcional considerable. Aparece la sustancia cromatófila en disolución en el protoplasma no diferenciado del elemento embrionario; y primero se forman los de la periferia, hirudineos: las neurofibrillas parten de la superficie sensible y al llegar al centro del ganglio, se dividen en sus fibrillas primitivas, las cuales anastomosándose forman una red llamada red elemental difusa, equivalente a la sustancia granulosa de Leidig o el neuropilema de His. De esta red elemental salen neurofibrillas más gruesas que penetran en el interior de la célula nerviosa por su pedículo y en el interior de ella se descomponen nuevamente en fibrillas primitivas y forman una red alrededor del núcleo, red intracelular, de la cual sale una neurofibrilla que forma el cilindro-eje motor. De suerte que en el pedículo de la célula se encuentran neurofibrillas aferentes y eferentes. En unas células en vez de ser perinuclear la red, está colocada en la periferia: éstas son las células sensibles. Las neurofibrillas en este caso son más delgadas y en el pedículo se encuentran más de dos; lo que no sucede con las células motoras.
 
Se ve como Apathy no le da ningún papel conductor a la célula nerviosa; élla, como dice Prenant, desempeñaría el mismo papel que las pilas eléctricas en diversas estaciones telegráficas, para dar impulso a la corriente nerviosa. Sicard da mejor idea de la teoría de Apathy, comparando el sistema nervioso de la sanguijuela a un tren ferrocarrilero. Las estaciones son las células nerviosas; los rieles, las neurofibrillas; y esa disposición de los rieles dentro y fuera de las estaciones, representaría las redes de fibrillas primitivas intra y extracelulares: la máquina es el influjo nervioso; y el mismo papel que tienen las estaciones respecto de las máquinas, en cuanto a cargarlas y suministrarles carbón yagua, lo tienen las células respecto al influjo, darle impulso y dirección.
 
Garbowsky llama a la teoría de Apathy, teoría de la circulación nerviosa, por parecerle la acción de la célula igual a la del corazón.
 
Bethe en los ganglios del cangrejo ha podido confirmar en casi todas sus partes la teoría de Apathy; pero no le da ningún papel a la célula nerviosa. Ha hecho un experimento bastante satisfactorio, que además demuestra que las fibrillas primitivas son las únicas conductoras del agente nervioso. En el ganglio antenario del cangrejo de mar, las células ganglionares están colocadas en la periferia, en puntos bien determinados. Las células dirigen sus ramificaciones hacia el interior del ganglio, donde forman una red, (neuropilo); y de allí parten las neurofibrillas que forman el nervio antenario, inervador de la antena. Ahora bien, Bethe ha cortado el nervio inmediatamente al salir del ganglio; y la antena cae, e inmediatamente se paraliza. Si por secciones periféricas del ganglio se separan las células, la antena continúa sus movimientos.
Por lo que hemos visto, la teoría de los neuronas tiene en su contra no sólo las objeciones hechas a sus técnicas, sino también experiencias de gran valor que comprueban la existencia de redes en el sistema nervioso.
 
Redes observan Apathy y Bethe; nuevas redes intracelulares han denunciado Golgi y su discípulo Verati; redes pericelulares confirma Held; y Büstchli y Eberth y Dogiel y Nissl señalan también redes.
 
El mismo Ramón y Cajal, según asegura Verworn, no ha podido resistir a las tendencias actuales; y ha observado anastomosis, aunque en raros casos.
Hemos expuesto, fuera de las teorías Flechsig, el movimiento científico del sistema nervioso en el siglo XIX.
Enero: 1901.
 
 
BIBLIOGRAFÍA
1. J. Müller. Physiologie du systerne nerveux, 1840.         [ Links ]
2. C. Bernard. Systerne nerveux, 1858.         [ Links ]
3. Beaunis. Nouveaux élérnents de Physiologie humaine. 1ª edición, 1876.         [ Links ]
4. Idem. La évolution du systerne nerveux. Revue Scientifique. 1º sept., 1888. 
5. Marey. La Machine animale, 1891.         [ Links ]
6. Idem. Du role de l’électricité dans les phénomenes nerveux et musculaires. Revue des cours scientifiques, 14 abril 1866. 7. Frederic et Nuel. Physiologie humaine, 1888.         [ Links ]
8. Golgi. Studi sulla fina anatomia degli organi centrali di sistema nervoso, 1885.         [ Links ]
9. Idem. Le réseau nerveux diffus des centres du système nerveux. Archives italiennes de Biologie, tom. XV. 1891. 
10. Ramón y Cajal. Elernentos de Histología normal, 1895.         [ Links ]
11. G. Retzius. Zur kenntniss des Nervensystem der. Crustaceen, resumido por Schaffer. Centralblatt für Physiologie, 18 de julio, 1891.        [ Links ]
12. Van Gehuchten. Sistème nerveux, 2ª edic., 1896.         [ Links ]
13. L. Razetti.– Origenes y fundamentos de la Neurología contemporánea. Anales de la Universidad Central de Venezuela. Tomo I, Nº 2, 1900.         [ Links ]
14. A. Prenant. Les théories du système nerveux. Revue Générale des Sciencies, Nos. 15 y 30 de enero, 1900.         [ Links ]
15. Verwohn. Das Neuron in Anatomie und Physiologie. Deutsche medicinische Wochenschrift, 20 sept., 1900.         [ Links ]
16. Jules Soury. L’amiboisme des cellules nerveuses. Revue Générale des Sciencies, 15 de mayo 1899.         [ Links ]
17. Samassa. Hirn von Leptodora. Centrablatt für Physiologie, 4 de julio, 1891.         [ Links ]
18. Lúgaro. Sulle modificazioni delle nervose nei diversi stati funzionali. Lo Sperimentale, año XLlX, fasc. II, 1895.         [ Links ]
19. Idem. Nuovi dati e nuovi problemi nella patologia della cellula nervosa. Rivista di Pato logia nervosa e mentale, agosto, 1896. 
20. Idem. Modifications morphologiques fonctionnelles des dendrites des cellules nerveuses, resumen de Feindel.– La Presse Médicale, 19 oct., 1898. 
21. Marinesco. L’histopatologie de la cellule nerveuse. Revue générale des Sciences, 30 de mayo, 1897.         [ Links ]
22. Idem. Sur les lesions fines des cellules nerveuses corticales. La Presse Médicale, 2 de junio, 1900. 
23. Van Biervliet. La substance cromophile pendant le cours du developpement de la cellule-nerveuse. Le Nevraxe. VoI. l, fasc. I, 1900.         [ Links ]
24. Lee et henneguy. Anatomie microscopique, 1896.         [ Links ]
25. Apathy. Nach welcher Richtung hin soll die Nervenlehre reformiert werden? Biologisches Centralblatt. Tomo IX, Nos. 17, 19, 20 y 21, 1899.         [ Links ]
26. Idem. Bemerkimgen zu Garbowski’s Darstellung meiner Lehre von den leitenden Nervenelementen. Biologisches Centralblatt, tom. XVIII. Nº 19, 1898. 
27. Garbowski. Apathi’s Lehre von den leitenden Nervenelementen. Tomo XVIII, Nos. 13 y 14, 1898.         [ Links ]
28. Bethe. Das Centralnervensystem von Carcinus Maenas. Archiv. für mikroskopiche Anatomie, 1898.         [ Links ]
29. Idem. Die anatomischen Elemente des Nervensystem und ihre physiologische Bedeutung; Biologische Centralblatt. Tomo XVIII. Nos. 23 y 24, 1898. 
30. Sicard. Neurone et reseux nerveux. La Presse Médicale, 7 de abril, 1900. 
 
 
REFERENCIAS: